jueves, 15 de diciembre de 2016

Premio Nobel 2009

El Premio Nobel de Medicina 2009, que concede el Instituto Karolinska de Estocolmo, ha recaído este año en los descubridores de los telómeros y la enzima telomerasa. El jurado ha valorado los trabajos de Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak, en este campo cuyas implicaciones afectan tanto al proceso del envejecimiento como del cáncer.
Los telómeros son una estructura que protege el extremo de los cromosomas humanos y los protege del proceso de envejecimiento, es decir, se encargan de dar estabilidad a los cromosomas.
A medida que las células se van dividiendo, los telómeros (del griego 'telos', final; y 'meros', parte) se van acortando, algo que, por ejemplo, las células cancerosas contrarrestan produciendo una enzima denominada telomerasa, que les permite seguir sobreviviendo.
"Los descubrimientos de Blackburn, Greider y Szostak han añadido una nueva dimensión para la comprensión de la célula, han arrojado luz sobre los mecanismos de enfermedades y han estimulado el desarrollo de potenciales nuevas terapias", ha destacado sobre ellos el Instituto Karolinska.
Se da la circunstancia de que los científicos que descubrieron su existencia allá por los años 30, Hermann Joseph Muller y Barbara McClintock, también recibieron el premio Nobel, aunque por motivos diferentes de éste.
Aunque no fue hasta varias décadas después cuando Greider, entonces estudiante de doctorado, y su tutora, Blackburn, descubrieron la enzima telomerasa. A partir de ese hallazgo, Szostak identificó células de levadura con mutaciones que provocaban una reducción gradual de los telómeros, mientras Blackburn hizo mutaciones en el ARN (ácido ribonucleico) de la telomerasa y observó efectos similares en la tetrahymena (un tipo de protozoo), informa EFE. "La enzima telomerasa es un mecanismo básico para la vida", explica María Blasco, directora de Oncología Molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y especialista en este mismo campo. "No hay vida sin telomerasa, porque se encarga de mantener a la célula joven. Pero al mismo tiempo, esto que no es malo por sí mismo, también le permite mantener joven a una célula mutada, como lo son las tumorales".
Algunos investigadores comparan los telómeros con los extremos de los cordones de zapatos, el plástico que evita que se deshilachen, hasta que, con el uso, lentamente se van gastando y acortando.
Perfil de los premiados
Los tres premiados, cuyos nombres llevan años sonando en las quinielas para el Nobel, tienen pasaporte estadounidense, aunque son nacidos en Tasmania, California y Londres, respectivamente.
Una de las premiadas, Elisabeth Blackburn (nacida en 1948 en Tasmania, Australia) es profesora de Bioquímica de la Universidad de California, en San Francisco (EEUU). Fue elegida por la revista 'Time' dentro de sus listados anuales de las 100 personas más influyentes del mundo. En 2006 ganó el Premio Albert Lasker de Investigación Médica Básica junto a otro de los ahora premiados (Szostak) y ya en 2007 sonó como una de las candidatas a llevarse el Nobel.
Greider (a la derecha) y Blackburn. (Foto: AP)
La estadounidense Carol W. Greider (California, 1961), de la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins (Baltimore, EEUU), ha trabajado estrechamente con Elizabeth H. Blackburn, una de sus maestras. Se licenció en la Universidad de California (Berkeley), donde comenzó sus trabajos de investigación en 1984. El día de Navidad de ese mismo año, Greider identificó una nueva enzima, la telomerasa, que era responsable del mantenimiento cromosómico.
Por su parte, el único de los varones en la terna de premiados, el británico Jack Szostak (nacido en Londres en 1952), es considerado uno de los líderes en el campo de los estudios genéticos desde su laboratorio en el Instituto Howard Hughes de EEUU.

Premio Nobel 2008

Tres científicos europeos han sido reconocidos este año con el Premio Nobel de Medicina por sus trabajos en el hallazgo de dos virus que en la actualidad siguen marcando la vida de millones de personas. La conocida Fundación sueca ha galardonado a los investigadores franceses Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi por el descubrimiento "del virus de la inmunodeficiencia humana" (VIH) y al alemán Harald zur Hausen por el hallazgo "del papilomavirus humano que provoca el cáncer de cuello de útero".
Actualmente, Françoise Barré-Sinoussi (1947) trabaja en la unidad de Regulación de las Infecciones Retrovirales, del Departamento de Virología del Instituto Pasteur (Francia), mientras que su compañero Luc Montagnier (1932) tiene un puesto en la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del sida. Ambos compartirán la mitad del premio.
El comité encargado de la designación del galardón ha querido destacar la importancia de los descubrimientos de estos dos expertos franceses, "esenciales para la comprensión actual de la biología del sida y para su tratamiento con antirretrovirales".
"Nunca antes la ciencia y la medicina ha sido tan rápidas a la hora de descubrir, identificar el origen y aportar tratamiento para una nueva enfermedad", ha señalado el Instituto Karolinska.

Robert C. Gallo, el gran 'olvidado'

Montagnier ya obtuvo en el año 2000 el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Técnica y Científica, que compartió con Robert C. Gallo, director del Instituto de Virología Humana de la Universidad de Maryland (EEUU).
Aunque en un primer momento hubo una gran polémica sobre la 'paternidad' del virus del sida, la comunidad científica decidió finalmente designar a Montagnier como el descubridor del VIH.
En varias ocasiones se ha matizado que sin los conocimientos de Gallo, quien aportó la metodología para identificar los primeros retrovirus humanos, Montagnier nunca hubiera podido descubrir el VIH. Sin embargo, en esta ocasión, el jurado del premio Nobel no ha hecho ninguna mención al investigador estadounidense en sus argumentos sobre el premio.
La contribución de Barré-Sinoussi a la investigación sobre sida también ha sido esencial. Esta experta fue la autora principal del estudio que en 1983 informaba por primera vez en las páginas de la revista'Science' del descubrimiento de un retrovirus que más tarde recibiría el nombre de VIH.
Esta investigadora había entrado a formar parte del equipo de virólogos de Luc Montagnier en el Instituto Pasteur en 1974. Juntos empezaron a trabajar y, siete años después, dieron con el causante de un extraño síndrome que creó una conmoción mundial y ha provocado 25 millones de víctimas desde entonces: el sida.
Dos años después descubrieron el virus que causa el sida, el VIH (siglas correspondientes a virus de la inmunodeficiencia humana). Identificaron su producción en linfocitos de pacientes con ganglios linfáticos alterados en estados tempranos de inmunodeficiencia adquirida y en sangre de pacientes con síndrome en fase terminal.
Los científicos franceses caracterizaron este retrovirus como el primer lentivirus (con período de incubación muy largo) humano conocido, basándose en sus propiedades morfológicas, bioquímicas e inmunológicas. Hacia 1984 ya habían logrado aislar numerosas muestras de pacientes con infecciones sexuales, hemofílicos, madres que lo habían transmitido a sus hijos y personas que lo habían contraído en transfusiones.
Su descubrimiento hizo posible una clonación rápida del genoma del VIH-1, fundamental para determinar el comportamiento del virus, el diagnóstico de la enfermedad y el desarrollo de medicamentos antivirales, que han limitado la expansión de la pandemia, aparte de impulsar los estudios sobre su origen y su evolución. En la actualidad, unos 33 millones de personas viven con VIH en el mundo.

El descubridor del virus causante del cáncer de útero

Por otro lado, el jurado también ha querido destacar el papel de Harald zur Hausen (1936) a la hora de identificar al verdadero responsable del cáncer de cuello de útero. La mayor parte de su carrera profesional la desarrolló en el Centro alemán de Investigaciones Oncológicas de Heidelberg.
En la década de los 70 y contrariamente a las teorías sobre el origen de la enfermedad vigentes en la época, este investigador alemán logró aislar a partir de estudios con liebres dos cepas del papilomavirus humano, de las que hoy se sabe que están implicadas en el 70% de los tumores de cuello de útero.
Sus trabajos en este terreno han permitido que, en unos pocos años, esté disponible ya en el mercado una vacuna diseñada para prevenir la infección por este patógeno. La terapia, que ha empezado a administrarse a las adolescentes españolas este mismo año, será de especial utilidad en los países en desarrollo. Es allí, precisamente, donde el virus causa más estragos debido a que no existen programas organizados de citología, que permitan detectar a tiempo lesiones precancerosas en el cuello del útero.

Premio Nobel 2007

La Academia sueca ha galardonado a los estadounidenses Mario Capecchi (de origen italiano) y Oliver Smithies (nacido en Reino Unido) y al británico Sir Martin Evans con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2007 por sus trabajos sobre células madre y manipulación genética en modelos animales.
Sus descubrimientos han permitido "poner en marcha una tecnología de una importancia inmensa para manipular genes en modelos animales", según ha reconocido el jurado.
La técnica desarrollada por los científicos premiados forma parte de la rutina diaria de los laboratorios de investigación biomédica de todo el mundo.
Esta tecnología permite a los científicos crear ratones con mutaciones en cualquier gen que se desee y elegir tanto sobre qué gen se quiere actuar como de qué forma alterarlo. Su aplicación más común consiste en inactivar un gen concreto. La técnica ha sido crucial para estudiar las funciones de diferentes tipos de genes en ratones y crear modelos de enfermedades.
Hasta la fecha, se han manipulado con este método más de 10.000 genes de roedores, aproximadamente la mitad de los que componen su genoma.
En su anuncio, el comité del Nobel ha dicho que el empleo de la tecnología de manipulación genética desarrollada por estos investigadores ha arrojado luz sobre el desarrollo embrionario, el envejecimiento y la enfermedad. "Su impacto en la comprensión de la función de los genes y sus beneficios para la humanidad seguirán creciendo en los años venideros", ha señalado el Instituto Karolinska en un comunicado.
Mario R. Capecchi, que reside en Salt Lake City, estaba dormido cuando le llamó por teléfono el comité de los Nobel. "La voz sonaba muy seria, por eso mi primera reacción fue pensar que esto era real", ha declarado a la agencia de noticias AP.
Por su parte, Oliver Smithies ha destacado que, después de trabajar en el mismo proyecto durante más de 20 años, "es muy grato ser reconocido a este nivel". Además, este experto confía en que el galardón le asegure una financiación más estable para otras investigaciones.

Ratones manipulados genéticamente

Los tres premiados trabajan en diferentes laboratorios de Estados Unidos y el Reino Unido. Aunque han desarrollado sus carreras por separado, han mantenido contactos puntuales desde mediados de los años 80. Cuando en 2001 les concedieron el Premio Lasker, el llamado Nobel americano, Evans recordaba en la revista 'Nature' los inicios de esta colaboración.
En octubre de 1985, el británico pasaba un mes de intensas investigaciones en el Instituto Whitehead (Massachusetts, EEUU) cuando recibió una llamada de Smithies. "Le respondí que sólo por él rompería mi trabajo en el laboratorio", relata. Evans le llevó unas muestras de cultivos de células madre y pasó un fin de semana en Wisconsin con Smithies. De vuelta en Cambridge (donde Evans trabajaba por entonces), fue Capecchi quien pasó una semana recogiendo células y aprendiendo las técnicas.
"El resto de la historia es bien conocida. Se han hecho cientos de mutaciones de ratón específicamente diseñadas y la técnica, aunque no es trivial, no merece más que unas cuantas líneas de mención en los artículos de genética", relataba.
En el año 1989 crearon el primer ratón 'knockout', es decir, el primer roedor al que se le canceló el funcionamiento de un gen durante la fase embrionaria. El propósito era analizar los efectos de esta desactivación.
La exquisita precisión con que estos investigadores han manipulado el material genético de roedores fue merecedora del Lasker. El trío de científicos ha creado modelos animales de enfermedades humanas como la aterosclerosis, el cáncer, la hipertensión y la fibrosis quística. Esa misma tecnología también contribuye a avanzar en el conocimiento de procesos biológicos normales.